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Tauccamarca, el juicio sin
fin
El 22 de octubre de 1999, 24 niños del
poblado cusqueño de Tauccamarca, murieron intoxicados al ingerir su
acostumbrado desayuno escolar mezclado con un plaguicida. Un profesor, su
mujer y una campesina fueron señalados como responsables penales de la
muerte de los colegiales. Los ministerios de Salud y Agricultura, así como
la empresa Bayer, fueron demandados "por daños y perjuicios" en 2001.
Cuatro años después de la tragedia, sin embargo, el proceso sigue
estancado por "zancadillas legales" que retrasan el verdadero tema de
fondo del juicio. ¿Hubo algún responsable civil en la muerte de tanto
inocente?
Por CAROLINA MARTÍN
Fotos VIRGILIO GRAJEDA.-

La última vez que estuvieron juntos. Hasta hoy los recuerdos de la
tragedia producen dolor en el pueblo cusqueño.
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Los deudos de Tauccamarca llevan desde
octubre de 2001 esperando que la justicia señale a los que consideran
responsables civiles de la muerte de sus hijos. Sin embargo, el proceso
judicial en el que demandan "por daños y perjuicios" a los ministerios de
Salud y de Agricultura, y a la empresa Bayer (fabricante del plaguicida
supuestamente causante de la muerte de los 24 niños), se encuentra
estancado.
Y está enredado en diversos vericuetos legales que retrasan el inicio de un
proceso aún en fase preliminar y que podría finalmente ser anulado por la
Sala Civil de Lima, si es que finalmente considera que la demanda de los
deudos, tal y como sostiene Bayer, fue presentada fuera de tiempo.
Una vez que le fue notificada la apertura del proceso judicial en su contra,
en mayo de 2002, esta transnacional farmacéutica alemana interpuso una
excepción por prescripción de la demanda, que a su juicio sobrepasaba en
seis meses los dos años que para efectuarla establece la ley civil peruana
como límite. Una apreciación de tipo legal que no comparten en absoluto ni
los deudos, ni la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas (RAPAL-Andino),
ni la Red de Acción en Alternativas al Uso de Agroquímicos (RAAA), ni el
Instituto de Defensa Legal (IDL).
DOS AÑOS Y AÚN NADA
"Llevamos cerca de dos años con este tema y hasta la fecha el juicio aún
no entra a discutir la materia de fondo, que es la responsabilidad de
carácter extracontractual que, desde nuestro punto de vista, tiene Bayer y
algunas oficinas del Estado. Ese tema aún no se está discutiendo", reclamó
Carlos Rivera, abogado del IDL que asesora a los deudos demandantes.
De momento, aseguró, lo único que han hecho los demandados es interponer una
serie de excepciones (dos de ellas, ya declaradas infundadas, contra la
falta de calificación de Victoriano Huarayo, representante de la comunidad,
para efectuar la demanda) que lo que pretenden "es ponerle punto final al
proceso".
Al día de hoy, no obstante, la excepción por prescripción se encuentra
apelada paradójicamente por uno de los demandados, el Ministerio de
Agricultura, por lo que aún no se sabe si finalmente tanto esta entidad,
como el Ministerio de Salud, como la Empresa Bayer, tendrán que defender su
no responsabilidad en tan trágico acto.
PARATHION ETÍLICO Y METÍLICO
Si los deudos de Tauccamarca consideran culpables a las oficinas del
gobierno y la transnacional de lo sucedido, estas no parecen dispuestas a
aceptar la carga de un acto del que evaden cualquier responsabilidad.
Uno de los puntos clave que podrían desenmarañar este caso podría
encontrarse en un informe elaborado por una subcomisión investigadora en el
Congreso de la República, presidida por el congresista Alcides Llique y
presentado el pasado 27 de junio del 2002 ante la Comisión de Agricultura.
La misma subcomisión determinó a Bayer como responsable. Pero esta
transnacional asegura que nunca fue invitada a brindar su testimonio, a
pesar de que tanto la empresa como la embajada alemana así lo solicitaron.
En dicho informe la identificación de la sustancia tóxica causante de la
muerte es una contradicción. Se habla de investigaciones policiales y
judiciales que determinan que el mortífero producto era un órgano fósforado
denominado Parathion Metílico, conocido comercialmente como Folidol
(propiedad de Bayer), pero también se habla de cómo los inculpados (léase el
maestro, su esposa y la campesina) hacen mención a un plaguicida en polvo al
que llaman "Aldryn".
Asimismo, se menciona un informe de Digesa del 10 de abril de 2002 que
identifica la presencia de Parathion Etílico (muy diferente del Parathion
Metílico). La pregunta parece quedar en el aire: ¿cuál era realmente la
sustancia mortal que ingirieron los desafortunados niños?
El informe concluyó encontrando responsabilidades en el Ministerio de
Agricultura, entre otros motivos porque SENASA "no cumplió con dotar a la
actividad agraria de un mayor marco de seguridad y de menores riesgos
sanitarios"; en el Ministerio de Salud, por no haber tenido una respuesta
inmediata frente a la emergencia; y en el Ministerio de la Presidencia,
Foncodes, por no supervisar de manera permanente proyectos como el de
Foncoditos, que dependían de él.
También culpó al Ministerio de Educación por no supervisar el cumplimiento
de la política educativa, en particular en lo relativo a los programas de
alimentación; y a las empresas importadoras de productos plaguicidas
químicos, por no asegurar un adecuado etiquetado de sus productos.
¿NEGLIGENCIA O ACCIDENTE?

La vida se les escapó una mañana. La foto muestra cómo quedaron los
cuerpos ese día.
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"Bayer como productora y comercializadora y
además como propietaria de la molécula con la que se elabora ese producto,
es la empresa que debió establecer en sus sistemas de comercialización las
garantías debidas para que este tipo de producto no se convierta en
productos dañinos para la salud, sobre todo en poblaciones rurales", afirmó
el abogado Rivera.
"El paquete en el que se vendía un producto tan venenoso como este no
mostraba en apariencia ningún peligro, y no existía ninguna advertencia en
términos de signos o letras hacia el usuario que le indicara que era
venenoso", sostiene.
Es por eso que el informe dice textualmente: "La empresa Bayer, única
titular del registro del plaguicida causante de la muerte de los niños,
debería indemnizar a los deudos debido a su falta de deber de cuidado al no
prevenir debidamente a poblaciones quechuahablantes y de limitado nivel
cultural (tal como es el caso de la Comunidad Campesina de Tauccamarca)
respecto de los riesgos del manejo de estas sustancias químicas; siendo esta
empresa conocedora de la toxicidad y peligrosidad de los productos que
ingresan al país".
NO ESTÁ DE ACUERDO
Una afirmación efectuada por una subcomisión del Congreso con la que
Bayer no está de acuerdo.
Hay versiones para todos los gustos, e incluso no falta quien recuerda que
incluso con esa ausencia de información, la campesina mezcló el producto con
la bolsita de Foncoditos con el claro objetivo de, justamente, envenenar a
un perro. Es decir, sabía la peligrosidad de lo que tenía entre manos.
Despejar la duda sobre la responsabilidad o no de la tragedia sería lo que
lograría el fin de un juicio civil que aún ni siquiera ha empezado y que
hasta ahora no se sabe ni siquiera si empezará. A no ser que se deniegue la
excepción de prescripción de los demandados. Entonces, Bayer no tendrá más
remedio que jugarse su última carta en una partida que nunca debió haber
comenzado.
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EL DATO
¿Qué son los plaguicidas?
- Los plaguicidas o pesticidas son un
conjunto de productos utilizados para destruir, controlar o prevenir
la acción de animales, vegetales o microorganismos perjudiciales para
el hombre.
- Son elaborados para destruir
insectos, pero esta toxicidad selectiva también afecta al humano.
- Una proporción de los incidentes pos
intoxicación aguda por insecticidas ha sido consecuencia del consumo
de alimentos fuertemente intoxicados durante su almacenamiento o
envío.
- Las intoxicaciones son la cuarta
causa de mortalidad infantil.
- Las intoxicaciones constituyen del 7
al 10% de los casos de emergencia en los hospitales.
- El 80% de las mismas ocurren en edad
pediátrica. El 85% de 1 a 3 años.
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Antecedentes
- Caso Paquichari (Ayacucho), marzo de
2000. Comunidad campesina donde se intoxicaron 27 campesinos, muriendo
uno de ellos por la ingestión de sopa contaminada con un insecticida.
- Caso de La Mariposa (Piura), abril
de 2000. Cuatro agricultores se intoxicaron con plaguicida órgano
fosforado cuando fumigaban una parcela de algodón.
- Caso de Chincha (Ica), agosto de
2000. Una niña muere y 6 niños se intoxicaron por consumir camotes con
raticida.
- Caso de Huallhayoc (Apurímac),
octubre 2003. Ocho intoxicados. Seis personas de una familia
fallecieron por consumir trigo contaminado con plaguicida.
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